CRECER

niños b“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. 1 Cor. 13:11

De niños jugábamos con la idea de ser aventureros, médicos, misioneros, científicos, soldados, marinos, piratas… sin embargo, no recuerdo haber jugado a ser marido, padre o esposo. Esa idea no entraba en nuestra mente infantil. Ser parte del proceso de familia y asumir como esposo, padre o amante no tiene el mismo romanticismo que ser aventurero o conquistador de tierras ignotas. 

La cultura y la familia no nos preparan en forma suficiente, en especial a los varones, para hacernos adultos compartiendo un tipo de responsabilidades difíciles y complejas de asumir. Tal vez esa sea la razón por la que tantos demoran años y otros prácticamente toda la vida en convertirse plenamente en adultos.

He visto, más de una vez, el comportamiento infantil de varones que se resisten a convertirse en padres, esposos y compañeros. Solo quieren jugar, salir con amigos, ir a fiestas y recrearse permanentemente.

Ser esposo es optar por un compromiso en el que las prioridades cambian. Cuando alguien se casa, elige poner a la esposa en primer lugar después de Dios. Al llegar los hijos, estos ocupan la posición segunda en su vida. El juego, el trabajo, los amigos y los entretenimientos pasan a un lugar secundario. El no entenderlo provoca que muchas familias se sientan desplazadas y sientan que los padres no les dan su lugar.

La primera responsabilidad de un esposo es para con su esposa y sus hijos; todo lo demás es secundario, y eso incluye su vida laboral. No tiene sentido vivir para trabajar. Así se pierde perspectiva y se hace que la persona se quede con su trabajo, pero pierda lo más precioso… a su familia.

Muchas mujeres se sienten solas y abandonadas por sus esposos. Muchos hijos no logran conocer a sus padres. Quien se casa hace un pacto. Eso incluye comprometerse con la vida de su cónyuge y de sus hijos. Ese compromiso implica pasar tiempo juntos, escuchar, jugar, hablar y realizar actividades recreativas; en otras palabras, invertir en su familia.

Los varones inmaduros se dejan llevar por la algarabía irresponsable de un niño que solo piensa en jugar. Se pierden muchos matrimonios por la inmadurez de los varones. Algunos varones deberían posponer sus matrimonios hasta cuando estén en condiciones de crecer. Eso provocaría menos dolor y tristeza a otras personas.

¿Estás invirtiendo tiempo de calidad con tu familia? ¿Están tu esposa y tus hijos en el lugar que les corresponde? ¿Son ellos lo suficientemente importantes en tu vida como para posponer otras actividades?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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