CÓMO SER MUJER Y NO MORIR EN EL INTENTO

cadenas“Tú eres mi refugio: me proteges del peligro, me rodeas de gritos de liberación”. Salmo 32:7 DHH

Estamos tan acostumbrados a algunas situaciones que de tanto repetirlas, nos parecen normales. Solemos bromear tanto a costa de las mujeres que incluso las mujeres hacen chistes a costa de su condición femenina; sin embargo, si se detuvieran a pensar por un momento en el alcance y el sentido de dichas burlas, muy pocas estarían dispuestas a esbozar una sonrisa.

Ser mujer no es un pecado. Sin embargo, en la mente de más de una mujer ha pasado la idea de que su condición de mujer se lleva como una carga. Estamos acostumbrados a tener noticias de lugares de la tierra en los que las mujeres son vendidas y compradas como si fueran ganado, donde mueren o nacen sin que nadie lleve registros, porque no interesan; donde su vida depende absolutamente de los varones de su familia y no tiene derecho no solo a opinar sino a desplazarse libremente por dondequiera. Muchas viven encarceladas en sus propios hogares, y sometidas a las más horribles afrentas y humillaciones. Muchos se jactan de que eso es posible en sociedades árabes fundamentalistas, o en tribus africanas o en oscuros lugares de Oriente.  Pero la realidad es otra. Probablemente, en los países occidentales hemos aprendido a esconder con más diplomacia la humillación a la condición de mujer, pero eso no significa que no exista abuso y una condición de superioridad hacia el mal llamado sexo “débil” (si realmente fueran débiles, no habrían soportado tanto maltrato a través de la historia).

Dios creó dos sexos, en condiciones de igualdad. En la mente divina, nunca existió la idea de que un sexo dominaría a otro; eso es consecuencia no deseada por la Deidad y relacionada exclusivamente con el pecado.

Cuando conocemos a Dios, estamos llamados a romper las “cadenas de opresión”. Dios rompe las consecuencias del pecado. No es posible seguir llamándose cristiano y, al mismo tiempo, sostener nociones opresivas hacia otro ser humano, en este caso, hacia la mujer. Quien lo hace tiene mal enfocados sus conceptos cristianos. Dios libera. Quienes se llaman sus hijos deben hacer lo mismo.

Una mujer que acepta a Dios, el Jehová de la Biblia, sabrá, ciertamente, que está llamada a ser libre, digna y mujer. Por el amor que Dios le profesa y por el sacrificio infinito de Cristo, no debe permitir ser rebajada como ser humano; eso es una afrenta a lo que Dios desea para cada mujer.

¿Cómo tratas a tu esposa, como compañera o como sierva? ¿Cómo dejas que te traten?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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