Cómo compartir mi fe con mi prójimo

testificar“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús”.

HECHOS 4:29 – 30

Estos cristianos de la primera Iglesia le pidieron ayuda a Dios para transmitir su fe y demostraron claramente lo que había en su corazón con respecto a predicar La Palabra. Le pidieron al Señor que los ayudara a predicar con denuedo (apasionadamente y con valentía) y le propusieron que mientras ellos compartían su fe con osadía, Dios mismo extendiera su mano para hacer sanidades, señales y prodigios respaldando la palabra predicada. Ellos no querían hacerlo de manera religiosa y apagada.

Estos discípulos no solo querían hablarle a la gente acerca del Señor, también querían “mostrar” al Dios que predicaban. Es la misma actitud del apóstol Pablo quien decía que aunque se movía en la debilidad humana, su predicación no buscaba persuadir con palabras sino con demostración de lo sobrenatural (1 Corintios2:4).

La respuesta de Dios al pedido de estos primeros discípulos es asombrosa: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

Esta respuesta inmediata y ruidosa de parte de Dios fue una rotunda aprobación. Es como si Dios mismo dijera: “Eso es exactamente lo que quiero. Anhelo que prediquen con denuedo y con potencia de señales”.

Hay urgencia en el corazón de Dios. Esta generación debe ser alcanzada por cristianos osados que se hagan notar en medio de los apabullantes estímulos de los medios de comunicación, de las relaciones vertiginosas en las redes sociales y del auge de la brujería y el ocultismo que confunden el corazón del hombre. Necesitamos poder sobrenatural para predicar.

Pídele al Señor que te conceda pasión y denuedo para predicar su Palabra y también que cuando lo lleves a cabo, Él te respalde con sanidades, señales y prodigios que glorifiquen el nombre de Jesucristo.

Anímate a predicarle a alguien cada día y si alguien está enfermo, pon tu mano sobre él en el nombre de Jesús y velo ponerse de pie. Miles pasarán de la oscuridad a la luz admirable y sabemos, además, que esto hará feliz a Dios.

Alicia y Jorge Ledesma

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