Celebramos el Día Internacional de la mujer

 

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El 8 de marzo de 1857, las obreras de una fábrica textil de Nueva York se declararon en huelga contra las extenuantes jornadas de trabajo de diez horas y los salarios miserables. Medio siglo más tarde, en el mes de marzo de 1909, 140 jóvenes murieron calcinadas en la fábrica textil dónde trabajaban encerradas en condiciones inhumanas. Ese mismo año, otras 30.000 obreras textiles neoyorquinas se declararon en huelga y fueron reprimidas por la policía. A pesar de la represión, las obreras ganaron la adhesión del estudiantado, las sufragistas, las socialistas y otros sectores de la sociedad.
Durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialista en 1910, la alemana Clara Zetkin había propuesto que se estableciera el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer en homenaje a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones organizadas de mujeres trabajadoras contra la explotación capitalista.
A principios de 1912, en la ciudad de Lawrence, Massachussets, estalló una huelga conocida como “Pan y Rosas” protagonizada también por las obreras textiles que sintetizaban en esta consigna, sus demandas por un aumento de salario y por mejores condiciones laborales.
Siete años después que se instaurara el Día Internacional de la Mujer, en febrero de 1917, las obreras textiles de Petrogrado, en la actualidad San Petersburgo, tomaron las calles reclamando “pan, paz y libertad” marcando así el inicio de la más grande revolución del siglo XX en la que se derrocó la monarquía autocrática, que desembocaría en la toma del poder por la clase obrera en el mes de octubre del mismo año.
Recordemos a estas mujeres que se organizaron y levantaron las banderas contra la opresión y la explotación de la que eran objeto. Se unieron y encabezaron valientemente la lucha por conquistar lo que consideraban justo.
Hoy, a partir del fundamento que ellas sembraron con sangre y lágrimas, podemos seguir adelante para seguir conquistando más justicia, más paz y más libertad. No ignoramos que todavía el salario de una mujer siempre es menor que la de un hombre en la misma posición y responsabilidad solo por ser mujer como si fuéramos seres humanos de otra categoría.
Dios, por el contrario, nos trata como iguales. El mismo apóstol Pablo escribe a las colaboradoras y coherederas de Cristo poniendo en igual posición de importancia a las mujeres que trabajaban en las iglesias esparcidas por la actual Turquía.
Somos valiosas y podemos seguir adelante con la frente en alto sabiendo que nuestro Dios siempre está de nuestro lado.

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