CAMBIOS

sexo amor“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo”. Eclesiastés 2:10

 El psicólogo Roberto Rosenzvaig publicó El placer de estar contigo, dedicado al tema de la sexualidad, donde señala, entre otras cosas, que la sociedad contemporánea ha producido un nuevo tipo de relación de pareja. Las personas que se unen hoy en día no están dispuestas a renunciar a la combinación amor y placer. Hubo un tiempo en el que, especialmente las mujeres, se resignaban a solo estar casadas, aunque no hubiese amor y menos placer. Hoy, eso no es posible tolerar, para muchas personas.

Por otro lado, los esquemas tradicionales de la pareja, en los que se consideraba que el varón tenía plena autonomía para experimentar su vida sexual antes de casarse, por su puesto, con una mujer virgen, ha cambiado. Hoy, la mujer es más exigente y crítica a la hora de vivir la sexualidad y exige, entre otras actitudes, mayor sensibilidad, emoción y romance. No sirven los varones “máquinas” para el sexo.

Durante muchos siglos se postuló la idea de que la mujer, pasiva y sumisa, debía dar placer… se creía que ella estaba en una posición en la que lo importante era cumplir una función que tenía como centro al varón y sus deseos. Hoy, para la mayoría de las mujeres, dicho concepto es absurdo. Aunque, sin duda, hay mujeres que a la hora de la relación sexual fingen orgasmos o se relegan a sí mismas a un segundo plano, lo normal es que aquello no suceda.

Sin duda existe cierto grado de desenfreno, porque algunos, evidentemente, polarizan sus vidas yendo de un polo conductual a otro.

Sin embargo, la mayor parte de las personas ha optado por entender que tiene derecho pleno a poder demandar una vida sexual satisfactoria. Muchos no están dispuestos a conformarse con menos, pudiendo obtener más.

En el diseño de Dios, la sexualidad está asociada al placer y la gratificación sensual. No hay nada de malo en eso, al contrario. El varón y la mujer que, estando casados, deciden tener una vida sexual plena cuentan con la bendición de Dios. No obstante, hay que aprender a dar cariño. Las caricias no vienen adosadas a nuestra piel como agregados genéticos; tenemos que aprender a acariciar, y eso se logra con sensibilidad, preguntando y pensando primero en el otro antes que en uno. Si ambos, en la pareja, viven la sexualidad con abnegación sus vidas serán plenas; de otro modo serán frustrantes. No hay lugar para el egoísmo en el diseño sexual de Dios.

¿Estás teniendo una vida sexual plena? ¿Es necesario que hagas algunos ajustes?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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