CAMBIAR LAS METÁFORAS

empresaUna de las metáforas preferidas para referirse al matrimonio es afirmar que es una “empresa”. Pero, por mucho que dicha analogía nos parezca verdad y que en la repetición hayamos llegado a creer que no tiene nada de malo formular un planteamiento así, lo cierto es que esconde algunos conceptos que son causa de la destrucción de muchos hogares y del sentido correcto de lo que es una pareja en el contexto de lo que Dios creó.

Para empezar, las empresas tienen motivaciones temporales. En otras palabras, sus objetivos son inmanentes a este mundo. Quieren producir para ganar, y lograr estabilidad económica y social en el contexto de lo terreno. Sin embargo, el matrimonio, en sí mismo, es una institución que tiene objetivos -según el plan del Diseñador divino- que trascienden a este mundo. Sus alcances son eternos. Sus consecuencias podrán medirse en la eternidad. Las personas casadas arriesgan su salvación al dejarse influenciar negativamente por su cónyuge o al tomar decisiones, en el contexto matrimonial, que impliquen alejarse o acercarse a Dios. No hay institución humana que tenga parangón con el matrimonio en lo que se refiere a influencia de “vida para vida”.

Por otro lado, en toda empresa existe una organización piramidal en la que hay un jefe y una cantidad de subordinados que tienen el objetivo de servir a los objetivos de la empresa, según los dictados de quien administra. Sin embargo, dicho planteo es contrario al concepto bíblico de que, en el Señor, “no hay varón ni mujer” (Gál. 3:28) o de que los que adoran a Cristo no aceptan el concepto de que uno es superior al otro (1 Cor. 11:11, 12); al contrario, se “someten uno al otro” (Efe. 5:21). Sin embargo, dicho concepto está tan profundamente arraigado que solemos referirnos a los maridos como “jefes de hogar”; suponiendo que, si él es el que manda, todos han de obedecerle.

Estas metáforas, tan repetidas de generación en generación como si fueran verdades marcadas a fuego, son simplemente reflejo de los errores que se han introducido en la institución matrimonial. Una persona que de verdad cree en esto tenderá a actuar en concordancia, y finalmente traerá mucho dolor a sí mismo, a su cónyuge y a sus hijos.

En un hogar en el que Dios es el Señor, el gobierno no es democrático, sino teocrático. En otras palabras, marido y mujer se someten mutuamente bajo los dictámenes de Dios. No hay, entre ellos, una relación de unilateralidad, sino por el contrario, entre ellos procuran vivir de tal modo que puedan traer -en primer lugar- gloria a Dios. Y, ciertamente, no se glorifica a Dios cuando tratamos a quienes amamos como si fueran sirvientes nuestros.

¿Tratas a tu esposa como si fuera una persona a tu servicio o como una compañera de ruta que tiene tus mismos derechos?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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One Response to CAMBIAR LAS METÁFORAS

  1. ALBERTO RUIZ (Pastor) dice:

    Miguel, me llama la atencion tu forma de exponer el punto. Ciertamente dentro de las Congregaciones se enseña que el matrimonio es una Empresa. Pero no se enseña que cada uno tiene obligaciones, tiene privilegios. Se enseña que las motivaciones, como dices bien, que son temporales, no eternas, que son mundanas no espirituales. Porque razón, me quedo con esa inquietud, y me refiero a ella. Primero, se ha enseñado mal al Señor, se enseña que es, como la gente pretende del gobierno, “paternalista”, que la gente no tiene ninguna obligacion, solamente derechos. Como podemos dar vida y vivir plenamente si no conocemos como hacer para que nuestra union tenga alcances eternos. Bien, primero debemos entender bien a Dios. Dios no es quien te va a dar todo solamente porque eres tu. Si bien es cierto que Él da a manos llenas, exige de ti, no “perfección”, porque eso se enseña tambien en las Iglesias. Él exige de ti que le des tu corazón, no quiere nada de ti, porque nada de ti le sire. Acostumbramos traer ante el altar “nuestras cosas” porque pensamos que le sirven a Él. Sin embargo si le sirvieran a Él, entonces Su Sacrificio ha sido en vano porque nosotros tenemos lo neesario para cambiar, para “elegir”, para vivir pues. Conocer mejor a Dios, es no “elegirlo” a traves de una oración, o una decisión, como si fueramos mejores a Él. Es entenderle como el Único que tiene Poder para despues de matar nuestro cuerpo, tiene poder suficiente para tomar nuestra alma y ponerla en el infierno. Cuando nuestro pensamiento discierne de este modo a Dios, entonces nos hallamos en el lado correcto, porque así no atinamos a pensar siquiera que pudieramos darle algo de valor a Él. (Todo lo alto y sublime para el hombre es como trapo de inmundicia para Dios). Llegamos a la conclusión que es urgente venir a cuentas con Él. Yo, hombre (ó mujer) no tengo nada de valor) así, solamente Él puede hacer algo por mi (toda buena dádiva y todo don perfecto viene solamente de Él). De este modo, soy agradable a Dios, porque ya no reconozco ningun don o recurso de mi parte que tenga valor, entonces Él me halla en esta posición, y puedo “Arrepentirme”, y pensar en un nuevo comienzo, “un nuevo nacimiento”. Porque todo esto, porque esto es el principio de los problemas del hombre. Creemos que “podemos”, que “sabemos”, y así no podemos ser elegibles como gente que quiera recomenzar. Sintiendo esto, y pensándolo, no somos aptos para el matrimonio, porque si somos hombres, queremos una “prostituta” en la cama, una “sirvienta” en la casa, una “amiga” nuestra, pero donde queda ella como persona. Y si somos mujeres, queremos un “plomero”, un “cerrajero”, un “prostituto” en la cama, todo lo que nosotros como mujeres soñamos. Ves, cuando pensamos de este modo, queriendo “aceptar” o “desechar” a Dios, pensamos que merecemos. Pero no merecemos nada, porque no hay nada bueno en nosotros, de hecho,m Dios decidió encerrar al pecado en la carne (de hombre o de mujer) porque somos de carne. Que de bemos hacer entonces. Como inicio, “arrepentirnos delante de Dios”. De que, “de todo”, “bueno y malo”, porque ni bueno ni malo no ha servido, por esto estamos en esta condicion. Luego, tener el deseo de recomenzar, o sea de nacer de nuevo (bautizarnos), no como requisito, sino como “obediencia” a Dios. Si me bautizo por requisito, estoy pensando que al hacerlo Él se agrada, pero si lo hago “por obediencia”, entonces no tiene ningun mérito de mi parte, pero sí mérito de Su parte. Él puede entonces tomar el control de nuestra vida. Somos elegibles como esposos o esposas. No porque seamos fieles, no porque seamos infieles, sino porque ahora tenemos un atractivo que va mas allá del puramente carnal, que tambien nos lo da el Señor para el sexo opuesto. Ahora, las decisiones que tomamos, las hacemos en compañía del Señor, esto no quiere decir como se predica “ahora todo lo que hagas estara bien”, no ahora lo que hagas, las decisiones que tomes, cuando falles, ahora tienes quien vea por ti, quien te ayude. Pensar que pertenecianedo a una Congregacion, o profesando un dogma, seremos perfectos, o haremos las cosas bien, nada mas alejado de la verdad, porque seguimos siendo carne, nos seguimos enojando, seguimos yendo al baño. Entonces, penar que al “convertirnos al Señor” ya somos espirituales, es completamente erróneo. Cuando nos “arrepentimos”, estamos reconociendonos como gente incapaz de hacer cosas o tomar decisiones. Entonces, abrimos nuestras mentes carnales a pensar que nuestra carne necesitaba todo esto, y que ha sido no tanto espiritual, porque nuestro espíritu no peca, sino nuestra carne. Y entonces, comenzamos a tratar por medio de nuestra carne, a ser mejores personas, ya no respondemos como lo hacíamos antes. Comenzamos a colocar las cosas en su lugar. Por ejemplo, la cuestion de nuestra respuestas exual a otros del sexo opuesto. No significa que ya estaremos “vacunados” contra el reconocimiento carnal de la belleza del otro sexo, no, pero ahora sabemos que el deseo sexual, esta dirigido a nuestra pareja, no entrar en la pornografia y descargar ese deseo en nuestra pareja, no, pero que aquella llama que dio inicio a nuestra relacion, se re-enciende, y podemos experimentar un renacimiento de “amor” por nuestra pareja. El amor es lo mas importante dentro de la pareja, si no hay amor, no tenemos nada. Cuando hay amor en la pareja, la pasión crece, en los lugares y momentos exactos. Con la persona exacta, o sea nuestra pareja. Rediseñamos nuestras estrategias íntimas para con nuestras parejas. Reconocemos la geografía, no solo de la relación, sino del cuerpo de nuestro cónyuge. Dios, y entonces, y solo entonces, es que podemos decir que tenemos un buen matrimonio. Exitoso, quizá, depende de muchos factores. Amoroso, exactamente es el ingrediente primordial dentro de él. Recuerda que somos carne, y dentro de la carne Dios eligió encerrar al pecado. Dios te bendice.
    Bien, cualquier comentario, dirígelo a nuestro e mail.

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