BUENO EN GRAN MANERA

jugosEl trabajo en la playa había sido agotador. El calor había estado insoportable, y Eulalia no lograba mantenerse en pie. A los veinte años de edad, le parecían injustas las venas abultadas de sus piernas. Tanta gente bonita, en aquella playa famosa, que mostraba la belleza de sus cuerpos en costosos trajes de baño. Y ella, ahí, vendiendo refrescos para conseguir un poco de dinero, que mal le alcanzaba para sobrevivir.

“¿Qué mundo es este?” se preguntó a sí misma, levantando los ojos al cielo en busca de alguna respuesta. Pero, todos parecían indiferentes a su dolor y a la rebelión de su corazón.

A lo largo de mi vida, he escuchado muchas veces esta pregunta. Un joven guerrillero me dijo, cierto día, que mientras Dios no le explicase las injusticias del mundo, él seguiría matando gente inocente. Ignoraba él que Dios no tenía nada que ver con las injusticias que él mismo cometía.

El versículo de hoy asegura que, cuando el mundo salió de las manos del Creador, era “bueno en gran manera”. ¿Qué fue lo que sucedió a lo largo del camino?

Cuando Jesús estuvo en esta tierra, narró una parábola que responde esta pregunta. Un hacendado sembró trigo bueno y, en la noche, vino el enemigo y plantó cizaña. Los labradores, entonces, le propusieron: “Señor, ¿quieres que arranquemos la cizaña?”Y el hacendado respondió: “No, dejen que crezcan juntos, hasta el día de la cosecha”.

¡Ah, querido!, Dios creó un mundo perfecto: solo había trigo. Pero, el enemigo vino y plantó el dolor, la violencia y las injusticias. No obstante, el día de la cosecha está llegando; finalmente, la cizaña acabará. Mientras ese día no llega, permite que el trigo y la cizaña crezcan juntos.

“Es muy cómodo ese consuelo, cuando todo va bien”, puedes pensar. Pero, no se trata de consuelo ni de comodidad; es la realidad descrita en la Palabra de Dios. No aceptarla te lleva a la rebeldía y a la amargura; y la realidad no cambia. Sal esta mañana a enfrentar las luchas de la vida, con la seguridad de que “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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