Anclar la fe en lo invisible

ancla “La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”.

HEBREOS 6:19

El ancla sujeta a la embarcación amarrándola a un lugar específico, mantiene la latitud y la longitud deseadas, asegurando la posición de esta, que es afectada por el viento o la corriente.

Santiago enseña a pedir con fe, no dudando nada. Porque el que duda es semejante a la onda del mar que es arrastrada por el viento y echada de un lado para el otro. La persona de doble ánimo es como esa onda, inconstante en todos sus caminos, y no recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:6-8).

El ser humano es tripartito. Se compone de cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo es la parte fisiológica, porque tenemos cuerpo tenemos necesidad de comer, beber, dormir, correr, descansar y otras tantas actividades.

El alma es la parte psíquica, las emociones, la voluntad, y el intelecto. El alma distingue al ser humano como persona única y diferente en su género.

Cada ser humano tiene su propia personalidad. El espíritu es la parte de nuestro ser por medio de la cual podemos comunicarnos con Dios y entablar una relación con Él. Leemos en 1 Corintios 6:17: “El que se une con el Señor, un espíritu es con Él”.

¡Cuidado con el alma!

El salmista le hablaba a su alma: ”¿Por qué te abates alma mía!” (Salmo 42:5, 11; 43:5).

Jesús habla de no perder el alma (Mateo 61:26).

El alma puede ser afectada por la brujería (Ezequiel 13:20).

Hay ataduras del alma (1 Samuel 18:1).

La Palabra de Dios salva nuestras almas (Santiago 1:21).

El alma puede ser purificada (1 Pedro 1:22).

El estado del alma determina en cierto grado la salud (3 Juan 2).

Hay que cuidar que nuestra alma se mantenga fortalecida con el poder de Dios.

El ancla segura y firme

La fe es el ancla del alma, impide que la persona sea como la onda del mar, que ande en la vida de aquí para allá sin rumbo cierto. La fe evita el naufragio en la vida, le permite a una persona mantenerse firme en contra de los vientos y de las corrientes que pretenden llevarla a la deriva y a la destrucción.

Anclando la fe en lo invisible

La verdadera realidad es la que no se ve. Lo que se ve es temporal y transitorio y está afectado por la ley del deterioro. San Pablo nos enseña que: “Las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y su deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas hechas” (Romanos 1:20).

Dios es espíritu y por lo tanto invisible. Moisés se enfrentó a Faraón sin temor “…porque se sostuvo como viendo al invisible” (Hebreos 11:27). Ver al Invisible es saber que Dios es todopoderoso, que todo lo puede, que no hay nada difícil ni imposible para Él, que lo que promete en su Palabra sin ninguna duda se cumplirá. Esa fe es la que vence al mundo. Vence cualquier oposición por difícil o imposible que sea, porque para Dios y para el que cree todas las cosas son posibles. Coloca tu fe como un ancla en la firmeza de Dios, del vencedor de lo imposible!

Sara y Juan José Churruarin

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