AMOR SIN GARANTÍAS

sin garantiaEl amor es un producto sin garantías. Es como tirarse de un rascacielos sin saber con qué te vas a encontrar abajo: un colchón mullido o el frío pavimento. El problema es que nunca lo vas a averiguar a menos que estés dispuesto a correr el riesgo.

Sin embargo, contrariamente a lo que piensa una gran cantidad de personas que está renunciando al matrimonio y a la vida en pareja por no tener garantías, el amor tiene grandes probabilidades de perdurar, si tiene la debida calidad. El amor, que no es mera pasión o apetencia, sino que implica la búsqueda constante de un auténtico encuentro con otro ser humano, supera, en buena medida, los riesgos de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.

Amar es para valientes, no para quienes se dejan guiar por sentimientos de poca monta o pasajeros. Quien ama lo hace sobre la base de creer en la posibilidad de que su historia será diferente, porque va a trabajar para que así sea.

Vivimos en una época de hedonismo. La búsqueda de lo placentero ha reemplazado al ideal de sacrificio y entrega. Sin embargo, el hedonista vive constantemente en un laberinto con callejones sin salida, porque la felicidad no está en la búsqueda constante de placer para sí mismo sino en la renuncia que implique abnegación. En otras palabras, negación de sí mismo para la felicidad de otro. Cuando dos personas que se aman deciden lo mismo sí, el amor tiene garantías, y produce todo el placer que buscaban solos y que nunca encontraron en soledad.

Cuando se ama lo permanente y eterno, es fácil encontrar el amor verdadero. Se busca algo imperecedero, no que pase al primer viento tempestuoso.

Cuando me encuentro frente a una pareja que estoy aconsejando o preparando para el matrimonio, o pidiéndoles los votos matrimoniales, no dejo de pensar que todas tienen ante sí la posibilidad de ser felices y superar sus desavenencias, siempre y cuando estén dispuestos a renunciar a sí mismos y volcarse en el otro para buscar que el cónyuge sea pleno. Solo en la abnegación se encuentra el amor verdadero, ese que perdura y no sufre los vaivenes del tiempo.

Dios es el que da la capacidad de amar. Dios provee el milagro del amor. Dios nos capacita para la abnegación. Amar es, en primer lugar, buscar a Dios.

¿Estás siendo abnegado? ¿Está tu amor preparado para los vaivenes tempestuosos? ¿Estás buscando a Dios lo suficiente?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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