AMOR ROSA

amor rosaLa novela rosa ha transmitido desde siempre un concepto acerca del amor romántico que, en muchos sentidos, impide que se experimente el amor de manera adecuada y sin mitos. Uno de los prejuicios presentados es que cuando hay problemas es que la pareja no se ama o que dejó de hacerlo. Mientras estén bien y las cosas marchen más o menos pacíficas, hay amor. Al primer problema, se invoca la falta o la ausencia del amor. Eso convierte a la experiencia amatoria en una cuestión de vaivenes e inconstancia, como olas del mar que van y vienen.

Las canciones populares están plagadas de este concepto: “Te amé pero ahora no te amo más”; “Te odio; no sé cómo antes te amé”. Si esto fuera cierto, ¿cómo entender que la Biblia diga que el amor nunca deja de ser? La respuesta habitual es que ese versículo se refiere a un amor sobrehumano, inalcanzable para las personas normales. Sin embargo, no es lo que el contexto dice. Al contrario, está expresando la idea de que el ser humano es capaz de amar y de experimentar ese tipo de amor que se describe en ese impresionante capítulo.

Lo real es que la pasión va y viene. Los sentimientos son efímeros y superficiales. El amor, que no es pasión y sentimiento, perdura. Sin embargo, a lo que llamamos amor, en la mayoría de los casos, no es tal, sino mera emoción y sentimentalismo rosa.

El amor es un principio que se sustenta en la decisión. El ejercicio de la voluntad hace que el amor perdure en el tiempo. Las personas deciden amar. El sentimiento es la manifestación externa de lo que se ha decidido.

Hoy, donde lo sentimental y lo emotivo tienen más importancia que la voluntad y la capacidad de decidir, este no es un discurso muy popular. Sin embargo, sostener que el amor se fundamenta en la emoción y el sentimiento es darle una base demasiado precaria a algo que aparece como el fundamento del accionar humano.

Nadie ama para dejar de hacerlo. El amor se nutre de eternidad.

No se ama para un día. Para poder experimentar este tipo de amor, se necesita comprender la verdadera fuerza de la voluntad. La elección diaria y permanente de la persona a la que hemos decidido amar. Educar para la voluntad es una de las necesidades fundamentales de la época actual. Enseñar a elegir y hacerse responsable de las decisiones que se toman.

El amor se sustenta en la voluntad. Se ama porque se decide, no porque fuimos atrapados por una flecha de Cupido; creer esto último lo único que hace es limitar o anular nuestra responsabilidad.

¿Estás amando por voluntad o por sentimiento? ¿Qué guía tu vida, la emoción o la capacidad de decidir?

Diseñados para amar. Miguel Ángel Núñez

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