AMIGOS DE VERDAD

amigosLos amigos son los hermanos que elegimos y, en muchos aspectos, son personas que enriquecen de tal modo nuestras vidas que sabernos sus amigos nos hace mejores personas. Muchas parejas, cuando se casan, olvidan esta lección y realizan algunas acciones que no solo son necias, sino también, a la postre, se convierten en autodestructivas.

Por ejemplo, muchos obligan a sus cónyuges a dejar sus amistades de toda la vida. En muchos aspectos se comportan como niños pequeños, haciendo berrinches por no estar dispuestos a compartir con nadie el amor hacia ellos. Privar al esposo o a la esposa de sus amistades es como pedirle que deje de ser quien es. Con dicha actitud, lo único que provocamos es que nuestra pareja se sienta desdichada.

Tampoco es buena idea obligar a elegir al cónyuge con esas manipulaciones dignas de malas comedias: “O ellos o yo”. Así no funciona; habitualmente las amistades están desde mucho tiempo antes que conozcamos a la persona que se convierte en nuestra pareja.

Actuar con celos porque el cónyuge se interesa por otra persona no solo es absurdo, sino también a menudo muestra una faceta de egoísmo que no es únicamente equivocada sino, además, es necia.

Una persona que se une a otra en una relación de pareja acepta al otro como es, con todo lo que eso significa. Con él o ella vendrá una historia que nosotros no hemos compartido, sino que forma parte de su vida personal, que la ha formado hasta ese instante.

Lo ideal es que puedan decir: tus amigos, mis amigos y nuestros amigos. Después de 22 años de casados, Mery y yo conservamos muchas de nuestras amistades originales. Algunos de ellos siguen siendo más amigos de ella que de mí y viceversa. También hemos adquirido amigos en común, que han enriquecido nuestra vida. Sin embargo, nunca hemos interferido en la amistad que cada uno ha decidido tener. Esa no es una tarea matrimonial; no es ni justo ni correcto interferir en las decisiones del otro en este sentido, salvo si dicha amistad pone en riesgo al matrimonio por problemas colaterales. En ese punto, lo más obvio es resolver el problema buscando la raíz, pero en ningún caso creer que se soluciona con el control de uno sobre el otro.

¿Eres consciente de que cada persona tiene su propia historia y que los amigos son parte de ella? ¿Estás respetando las amistades de tu cónyuge del mismo modo en que esperas que sean respetadas las tuyas?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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