AMAR SIN RUTINA

amor colorDía tras día hay que amar. El amor debe manifestarse de mil formas distintas, de tal manera que cada día sea una fiesta de la imaginación y el sentimiento.

Quien ama con rutina, en realidad, no ama. El amor siempre se descubre a sí mismo. Amar es un acto de continua revelación, de sorprenderse frente a la vida, de beber cada sorbo de existencia con la alegría que da el saberse parte de la existencia de otra persona.

Migno McLauglin escribió que “para lograr un matrimonio feliz, es necesario enamorarse muchas veces, siempre de la misma persona”. El engaño que ha traído la Posmodernidad es la idea de que la felicidad está en el cambio permanente de los afectos. Sin embargo, la realidad es lo opuesto. La profundización de la afectividad implica constancia y esfuerzo. La creatividad del amante exige que esté permanentemente alerta a la posibilidad de entender lo que sucede en el interior del ser amado.

El que ama está al servicio de aquel que ama. Entregarse consiste en darse a sí mismo por el amado. Es un ejercicio continuo de la voluntad para experimentar la abnegación, que consiste en posponerse a sí mismo por el amado.

Lo paradójico es que solo cuando se vive de esta forma las personas finalmente logran experimentar el amor en total plenitud. Solo cuando dejas de perseguir la autosatisfacción y procuras satisfacer a la persona que amas, empiezas a vivir con plenitud la vida de amor que tanto anhelas. Solo dando se recibe. No es de otra forma.

No obstante, no es la lógica con la que se gobierna este mundo ni la forma en que se relacionan muchas parejas. Al contrario, ven al matrimonio como una fuente de obtención de algo gracias a que otra persona lo provee. Muy pocos entienden que es una relación en la que se obtiene sólo en la medida en que se invierte, no de otra manera.

Cuando se ama por los motivos correctos, que se basan en la abnegación y no en el egoísmo, las parejas crecen y se fortalecen. Cuando eso no sucede, la relación se convierte en una interacción vacía de propósito. La falta de sentido hace que la vinculación se vuelva sin rumbo, rutinaria y, a la larga, frustrante. Solo el amor hace que el sol ilumine cada día la vida de quienes se aman. Ese amor, que renace cada día para iluminar la vida de los amantes, es lo único que hace que una relación permanezca tiempo y no se fosilice.

¿Estás amando realmente? ¿Estás amando de tal modo que tu relación no se quede vacía de sentido y propósito?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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