¿AMAR O GUSTAR?

amarHay expresiones que suelen utilizarse como si fueran intercambiables, a tal grado que a veces no somos capaces de establecer claramente cuando es adecuado utilizar una expresión y cuándo otra. Por otro lado, es importante diferenciar las palabras, porque con ellas pensamos, y son las que condicionan nuestro pensamiento.

Algunas palabras para referirse al amor son “gustar”, “querer” “desear”, y “atraer”. Son utilizadas como sinónimas de amor. De hecho, hay personas que nunca usan la palabra “amar” y siempre utilizan estos otros vocablos, a fin de escapar del compromiso que significa amar de verdad.

En el amor hay un alto índice de autoafirmación personal. Si esto no se entiende, es probable que no se logre comprender el sentido que tiene el uso de las palabras. Se ama a la esposa y a los hijos porque significan algo para nosotros totalmente distinto de nuestros amigos.

Eso ha llevado a algunos autores clásicos a sostener que en todo hay un grado de egoísmo. ¿Cómo determinar la autenticidad del amor? El amor es dar; por esencia, no piensa de manera prioritaria en sí mismo. ¿Cómo estar seguro de que eso que sucede en una relación amorosa es una acción genuina y auténtica? Es muy fácil equivocarse; estar viviendo algo cuando en realidad se pretende de otra cosa.

Todo amor verdadero se brinda siempre, sin esperar nada a cambio. Cuando se “ama” esperando recibir algo, se está ante la presencia de otra acción. El amor ama porque ama. La más clara demostración de esto es cuando se ama a alguien teniendo la convicción absoluta que aquella persona no podrá devolver lo que recibe.

Alguno podrá decir: Sí, esto es para personas excepcionales como la madre Teresa de Calcuta o Mahatma Gandhi, pero para personas normales no es así, menos para marido y mujer. Sin embargo, allí está el error; precisamente lo que hizo excepcionales a dichas personas fue su capacidad de amar como personas normales. Fueron personas de carne y hueso, que tomaron decisiones no comunes, no populares, no mayoritarias, pero con una fuerza y una convicción que las hizo maravillosamente excepcionales.

En un matrimonio, si no hay abnegación -es decir, negación de sí mismo- no puede haber amor genuino. El esposo renuncia a sí mismo por la esposa y la esposa a la inversa. Es lo que expresa el reconocido pasaje de Pablo cuando compara el amor de un esposo con el amor de Cristo, que se sacrifica por la iglesia (Efe. 5:21-31).

¿Amas o gustas? ¿Amas o quieres? Una cosa y otra no son lo mismo.

Diseñados para amar. Miguel Ángel Núñez

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