ADMIRACIÓN Y APRECIO EN EL MATRIMONIO

liriosEstaba en el aeropuerto a la espera de mi avión. No podía leer, así que observaba a los pasajeros mientras me paseaba. Las personas conversaban, leían o dormían semirecostadas en sus asientos. Observé a un hombre con un diario. Le daba una ojeada a las páginas, pero insistentemente miraba la entrada. Volvía a leer y rápidamente levantaba los ojos, para mirar al mismo punto. De repente se paró y, con una gran sonrisa, se dirigió a la puerta, donde una mujer se acercaba con los brazos extendidos para abrazarlo. Se besaron tiernamente. Y, mientras hablaban, no dejaban de sonreír. Sentí envidia. Por un instante, percibí el lenguaje del amor expresado en aceptación, deseos de estar con el amado y la exclusividad de una relación que no admite un tercero.

La imagen del lirio entre espinas es poderosa. El lirio es una flor frágil. Rodeada de espinas, parece más delicada. Sin embargo, lo que admira el esposo no es la fragilidad sino el contraste. Ninguna otra mujer lo atrae de la misma manera.

El verdadero amor se construye en la exclusividad. Una mujer necesita tener la certeza de que es la única en la vida del varón que ha elegido. Y, viceversa, los varones necesitan saber que no hay nadie más que ellos en la vida de la mujer que han escogido.

John Gottman, luego de 16 años de investigación acerca de qué hace que una pareja pueda mantenerse unida sin temer al divorcio, descubrió que existen siete reglas de oro en una buena relación. Una es la admiración y el aprecio. “El cariño y la admiración son antídotos contra el desprecio”. Cuando se admira, se aprecia; y, cuando esto sucede, el amado aparece ante nuestros ojos como entrañablemente necesario.

La admiración y el aprecio se cultivan. Si destacamos los aspectos negativos de nuestro cónyuge, indefectiblemente desarrollaremos una actitud de desprecio. Si, por el contrario, enfatizamos lo positivo, provocaremos una reacción distinta en nuestra mente. Nuestra esposa o nuestro esposo nos aparecerá como un matiz positivo.

Un hombre me dijo que el mejor regalo que había recibido el día de su boda se lo dio su suegro: Un reloj de bolsillo, con una inscripción que decía: “Dile algo hermoso cada día, y te amará siempre”. A partir de allí, había desarrollado el hábito de hablarle de manera afectuosa a su esposa. Supongo que no se admirarán si les digo que es una mujer extraordinariamente feliz y transparente. Un lirio entre los cardos.

¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu esposa o a tu esposo lo importante que era para ti? ¿Qué salen de tus labios normalmente, reproches o elogios?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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