A AMAR SE APRENDE

aprender amarTodo lo que nos sucede en la vida nos prepara para los grandes hitos de nuestra existencia. Lo que elegimos ser y lo que optamos por vivir está directamente relacionado con las experiencias tempranas que tuvimos en nuestra vida. El amor es una respuesta a lo que hemos sido en el pasado. Aprendemos a amar por imitación. Seguimos patrones aprendidos de otros. Nuestros padres o quienes tuvieron una mayor influencia en nuestras vidas nos enseñaron a amar. Nos mostraron cómo se ama. Nos dijeron, de hecho y de palabra qué lugar ocupaba el amor en sus vidas.

Llevamos impreso a fuego en nuestras mentes las experiencias tempranas que modelaron nuestra existencia. No es posible que nos abstraigamos que somos hijos de alguien y surgimos en un contexto sociocultural determinado. Como decía José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Lo que sucede a nuestro alrededor no es epidérmico. Penetra profundamente en nuestra vida. Nuestra circunstancia es parte constituyente de nuestra esencia. No seríamos lo que somos sin el contexto en el que hemos vivido.

A amar se aprende, porque nadie nace amando. Crecer en amor implica crecer en sentido y significado. Es un proceso que nos lleva toda la vida. Nuestra niñez es nuestro condicionante, pero no nuestro destino. Explica por qué hemos llegado a ser lo que somos, pero no nos determina a ser de un determinado modo. Eso lo elegimos. La resiliencia, un concepto de física incorporado a la psicología, nos dice que las personas tienen la capacidad de superar las situaciones difíciles que les toca vivir. Unos tienen mayor resiliencia que otros, pero lo que nos ha sucedido no tiene por qué ser determinante en nuestra existencia.

Muchas parejas explican sus dificultades para amar por las experiencias traumáticas que tuvieron; sin embargo, no valoran adecuadamente las decisiones que van tomando. No se dan cuenta de que, aunque vivieron situaciones difíciles, el presente y el futuro no tiene por qué ser un destino. Al contrario. La fuerza de nuestras elecciones puede modelar lo que nos ha de ocurrir.

Sin duda, a amar se aprende, pero eso puede ser un proceso que comencemos hoy, si no aprendimos ayer.

¿Estás dejando que tu pasado condicione tu presente y tu futuro? ¿Estás entendiendo que tus decisiones son las que han de modificar lo que vivas hoy?

Diseñados para amar de Miguel Ángel Núñez

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