SER MUJER NO ES PECADO

igualdad pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores”. Santiago 2:9

 Dios creó al ser humano sexuado: Varón o mujer. A ambos los formó a su imagen (Gén. 1:27). A ambos los hizo coadministradores de la naturaleza (Gén. 1:26). Y, tanto a uno como a otro los llamó a reproducir, en sus vidas, el carácter amoroso y justo de Jesús. Sin embargo, hoy en día hay millones de mujeres, alrededor del mundo, que maldicen el ser mujer.

He escuchado a más de una de mis alumnas decir amargamente: “Ojalá no hubiese nacido mujer”. Al ver las razones de esta aseveración, no puedo sentir más que empatía. Si estuviera en su lugar, no sé con certeza si no diría lo mismo. Los hechos son elocuentes:

*Millones de mujeres son maltratadas solo por ser mujeres. De hecho, la mayoría de las víctimas de violencia intrafamiliar son mujeres y niñas.

*Cientos de mujeres tienen que morderse la rabia al ver que reciben sueldos menores por el mismo trabajo que realizan junto a varones, solo por el hecho de ser mujeres.

*Muchas mujeres se sienten frustradas por no poder ascender o progresar en sus trabajos, porque no se las considera aptas por su sexo.

Podríamos seguir; la lista es larga. Ciertamente, no es un mundo justo para muchas mujeres. A Dios, la discriminación le resulta abominable. No es su plan, sino producto del alejamiento que el ser humano ha hecho de Dios y de su diseño original.

El evangelio restaura. Cuando vamos a Dios, nos encontramos con un ser maravilloso, que nos ama exclusivamente por ser criaturas, seres que a sus ojos somos tan importantes que Cristo vino a dar su vida en rescate por todos, varones y mujeres. El evangelio debería transformar las estructuras discriminadoras. Cuando alguien conoce a Jesucristo y entiende su carácter renovador, traslada dicha comprensión a su relación con otras personas y trata a otros -independiente de su sexo- con dignidad y respeto. En todo ser humano percibe la gloriosa imagen de Dios.

Jesús nunca discriminó a nadie. No maltrató de ninguna forma a una persona por su sexo. Respetó a todos, sin consideración de ningún tipo. Quien conoce a Cristo no puede actuar de otro modo. Ser mujer no es pecado, es un don de Dios. Apreciarlo es una tarea de todos varones y mujeres- especialmente de quienes se llaman cristianos.

¿Tratas a todas las personas con respeto, sin discriminar a nadie por ninguna razón? ¿Has trasladado a tu matrimonio la actitud de Jesús de tratar a toda persona con dignidad y respeto solo por ser un hijo o una hija de Dios?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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