UNA MANO MARAVILLOSA

durmiendo juntosMuchas veces me he sorprendido en la noche, medio dormido, buscando a tientas, en la oscuridad, la mano de Mery, mi esposa. En más de una ocasión me he despertado con su mano sobre mi pecho. Son 22 años de dormir a su lado. Es mucho más del tiempo que estuve junto a mis padres. No quiero pensar lo que sería el no tenerla junto a mí.

Su mano me da paz. Me tranquiliza. Produce en mí la sensación de que, estando a su lado, todo está bien. Definir el amor con la sensación de tener su mano rodeando mi mano es la mejor forma de describir lo que siento.

Si alguien me pregunta qué es lo que más recuerdo de mi esposa, les diré que es dormirme sintiendo sus manos entrelazadas con las mías. Si fuera artista, pintaría sus manos cubriendo mis manos y, así, haría que perdurara ese gesto que me da paz.

Muchas veces he pensado que Dios tiene formas maravillosas de mostrarnos su amor. Esto que he descubierto de mi relación con Mery es un símil de lo que Dios quiere que entendamos en la relación que él establece con nosotros.

Dios habla de muchas formas. El matrimonio fue su invento para mostrarnos cuán grande es su cariño hacia nosotros. Su mano es como la mano del ser amado que reposa sobre nuestro pecho. Él está con nosotros en cada momento para mostrarnos cuán grande es su amor. Su incondicionalidad no tiene parangón. Está siempre a nuestro lado, mostrándonos cuan importantes somos para él. Por esa razón inventó el matrimonio; para que, en la relación de amor de la pareja, los seres humanos puedan tener un atisbo de lo que es su gran amor por sus criaturas.

Cuando una pareja se ama, en esa sola actitud se vivencia, aunque de un modo imperfecto, lo que significa la relación de Dios con sus hijos. No es casual que la metáfora que elige la Biblia con preferencia para mostrar lo que significa la unión de Dios con sus hijos sea la relación de pareja. Dios quiso que así fuera. Su mejor invento es el matrimonio. Es lo primero que hizo al formar al ser humano. Antes de mostrarle las maravillas de su creación, los hizo vivir el privilegio de ser pareja. Lamentablemente, muchos han banalizado tanto esta relación que han perdido de vista la admirable sensación de descubrir en la pareja una vislumbre maravillosa de Dios.

¿Estás entendiendo que tu esposa o tu esposo es un regalo de Dios? ¿Estás construyendo una relación de amor que te permita vislumbrar el inmenso amor de Dios por ti?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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